Market Timing

Definición

Market Timing es un término ingles que hace referencia al intento de entrar y salir del mercado comprando o vendiendo acciones o productos financieros con la idea de aprovechar un mejor momento más tarde para comprar.

Se podría definir como el acto de entrar o salir del mercado o cambiar entre clases de activos basándose en el uso de métodos predictivos como indicadores técnicos o datos económicos. Debido a que es extremadamente difícil predecir la dirección futura del mercado de valores, los inversores que intentan predecir el mercado, especialmente los inversores en fondos de inversión, tienden a tener un rendimiento inferior al de los inversores que permanecen invertidos.

La predicción del mercado es un concepto intrigante. Las caídas en el mercado son tan dolorosas, que si simplemente pudieras esquivarlas y solo poseer acciones en el momento en que el mercado está subiendo, tal vez al mover tus contribuciones a tu cartera un par de meses atrás, podrías ahorrarte mucho dolor y dinero.

Pero desafortunadamente, veremos que puede no ser tan fácil y hay costos asociados. Intentar adivinar el mercado puede dolerte más de lo que crees.

¿Es rentable intentar predecir del mercado?

Si bien la predecir el mercado no es imposible, pocos inversores pueden predecir los cambios del mercado con tanta coherencia y precisión como para obtener una ventaja significativa sobre el inversor medio que lo que hace comprar y mantener. En una estimación de Morningstar, las carteras gestionadas activamente que entraron y salieron del mercado entre 2004 y 2014 arrojaron un 1,5% menos de beneficio que las carteras gestionadas pasivamente. Según Morningstar, para obtener una ventaja clara, los inversores activos tienen que estar en lo correcto el 70% del tiempo, lo que es prácticamente imposible durante ese lapso de tiempo.

Lo más razonable es nunca salirse del mercado. Lo único que se puede entender es vender algo que está muy alto para comprar inmediatamente algo que está relativamente mucho más bajo con el fin de rebalancear una cartera y aprovechar los diferentes impulsos de las acciones o mercados.

La Guía de Jubilación de J.P.Morgan Asset Management de 2019 muestra el impacto que tiene la retirada del mercado en una cartera. Mirando hacia atrás durante el período de 20 años desde el 1 de enero de 1999 hasta el 31 de diciembre de 2018, si os perdisteis los 10 mejores días en el mercado de valores, el rendimiento general se redujo a la mitad. ¡Esa es una diferencia significativa por solo 10 días en dos décadas!

Así es como le fue a una inversión inicial de $ 10,000 en los últimos 20 años, dependiendo de si su inversor permaneció invertido o, en cambio, perdió algunos de los mejores días del mercado.

Periodo: 4 de enero de 1999 al 31 de diciembre de 2018 Valor en dólares al final.

Totalmente invertido (índice S&P 500): $ 29,845 un 5.62%
Perdida de los 10 mejores días perdidos: $ 14,895 un 2.01%
Perdida de los 20 mejores días perdidos $ 9,359 un -.33%
Perdida de los 30 días mejores perdidos $ 6,213 un -2.35%
Perdida de los 40 mejores días $ 4,241 un -4.2%
Perdida de los 50 mejores días perdidos $ 2,985 un -5.87%
Perdida de los 60 mejores días $ 2,144 un -7.41%

No obstante, si se pueden encontrar patrones reales ya sea mirando gráficos, haciendo análisis fundamental o macroeconómico, veamos como se las apañaron los inversores para encontrarlos y predecir el mercado.

Una firma de investigación de mercado financiero llamada Sniper Market Timing examinó los retornos que los inversores tuvieron analizando el mercado. Descubrieron que en los últimos 20 años, los inversores en fondos de inversión quedaron rezagados con respecto al índice de referencia S&P 500 en un promedio de 4.66% por año. Parte de este resultado se debe a malas decisiones de entradas y salidas del mercado según el análisis de Sniper Market Timing.

Una de las mayores pérdidas para los inversores según los datos del mercado en los últimos 30 años se produjo en octubre de 2008. Este fue un mes muy volátil. El S&P 500 comenzó por encima de 1.100 pero en algún momento cerró sobre los 800, lo que representó una disminución del 27% en un solo mes. Solo el S&P 500 se recuperó un poco y terminó el mes con un 14% de pérdidas. Claramente, octubre de 2008 fue un mes muy volátil y relativamente inusual en la historia del mercado. Se vieron cambios en octubre de 2008 que a menudo tardan en verse todo un año.

Pero podemos ver que los inversores pueden ser su peor enemigo: Venden en los momentos de mayor pánico y potencialmente pierden las ganancias posteriores por miedo o por el síndrome “espero un poco más“. Básicamente, aunque miran un gráfico de acciones e imaginan lo que podría hacer, su comportamiento real puede ser bastante diferente del proyecto o estrategia predefinida debido a las emociones de miedo y codicia. Esto puede minar incluso al inversor más aguerrido.

En el siguiente gráfico se puede ver el impacto de salirse del mercado a destiempo. En un periodo de 26 años si nos perdemos los 4 mejores días de mercado supone ganar un 400% acumulado menos,  y 10 veces menos si nos perdemos las 30 mejores jornadas.

Por lo tanto, para muchos inversores, lo que parece ser un momento racional del mercado éstos pueden ceder  a las emociones de miedo y codicia, con resultados desafortunados. Por supuesto, es tentador creer que tu eres un mejor inversor que el promedio, o al menos mejor para mantener tus emociones bajo control, pero también hay evidencia sustancial de que las personas generalmente confían demasiado en su propia capacidad en muchos campos, desde la seguridad de conducción hasta la habilidad de inversión. Ésto es conocido como el Síndrome Dunning-Kruger. Es un fenómeno psicológico que define a las personas que tienden a pensar que saben mucho más de lo que realmente saben y a considerarse más inteligentes que otras personas más preparadas.

El mercado a veces puede ser impredecible

Hay mucho debate sobre la eficiencia del mercado o como de bien y de rápido incorporan los mercados información sobre ganancias o pérdidas futuras.
Hay que aceptar que en ciertas ocasiones el mercado puede reaccionar relativamente al azar.

Un mejor ejemplo es la caída del mercado en octubre de 1987 (lunes negro), donde los mercados bursátiles internacionales, incluido los Estados Unidos, cayeron un 20% o más en solo un día. El análisis posterior de Robert Shiller, el economista ganador del Premio Nobel, basado en encuestas a los inversores, sugirió que el declive se debió a la psicología del inversor y no tenía una causa externa obvia. Si ésto es cierto, se crea un desafío sustancial para la predicción del mercado porque tales causas efímeras pueden ser extremadamente difíciles de predecir y pronosticar. Una cosa es pronosticar y predecir algo que es racional, pero otra muy distinta es predecir algo que, a veces, depende de los caprichos de la psicología humana.

Esto nos hace preguntarnos, que hubiera pasado si tuvieramos una bola de cristal y hubiéramos precedido las caídas con antelación? Si hubieramos salido del mercado antes de los desplomes. Como se puede ver en la siguiente gráfica, la verdadera diferencia en las carteras a largo plazo hubiera sido esquivar las 10 peores sesiones de mercado. Esto haría tener una diferencia en rentabilidad del 160% al que permaneciera todo el rato invertido, de acuerdo con los cálculos hechos sobre el S&P 500 en los últimos 40 años.

El timing puede salir caro, especialmente con los impuestos

Si tienes tu dinero en una cuenta o país sujeta a impuestos sobre las plusvalías, los costos de comprar y vender pueden ser particularmente altos. No solo existen comisiones y diferenciales en la oferta y la demanda asociados a la entrada y salida del mercado que pueden erosionar los rendimientos, también la compra-venta frecuente puede tener consecuencias fiscales particulares.

Es verdad que si estamos en un sistema impositivo donde hay impuestos sobre las plusvalías suele ser también posible reducir la factura al fisco cuando se vende con minusvalías pero no siempre es siempre simétrico. Se suele pagar más por las plusvalías que beneficios fiscales cuando se tienen pérdidas. Esto depende del país o sistema impositivo en el que nos movamos. Por ejemplo, en Suiza no hay impuesto sobre la plusvalía y en España si.

El timing también puede provocar un costo de oportunidad

Incluso si ignoramos los costos potenciales y las implicaciones impositivas de las compras y ventas, sacar el dinero del mercado de valores y guardarlo en efectivo, puede ser seguro, e históricamente el efectivo ha sido una inversión segura en relación con los altibajos del mercado.

Sin embargo el mercado de valores de promedio y durante largos períodos de tiempo, ha dado entre un  6.5%  y un 7% anual. Por lo tanto, de promedio, hay un costo potencial por estar fuera del mercado. Si se está fuera del mercado y se está equivocado, se puede estar perdiendo una ganancia clara. Durante un período largo de años esas pérdidas pueden acumularse.

Por otro lado, si estás en el mercado verás altibajos, eso es seguro, pero históricamente los retornos a los inversores de más largo plazo y que han estado dispuestos a mantener acciones durante décadas sin hacer caso a los mercados bajistas ha sido muy atractivo.

Para decirlo de otra manera, históricamente el mercado ha subido la mayor parte del tiempo, más o menos, el S&P 500 ha subido 2 de cada 3 años desde 1871 hasta 2015. Esto plantea un desafío para cualquier estrategia de timing porque pasar tiempo fuera del mercado ha tenido históricamente un costo de oportunidad.

¿Qué significa esto para nuestra cartera?

El mercado puede estar menos impulsado por patrones predecibles de lo que nuestros cerebros pueden hacernos creer. El historial de los inversores que realmente predijeron el mercado ha sido pobre, tal vez debido a las emociones que nublan el juicio. Algunos eventos pasados ​​como el colapso del mercado de octubre de 1987 parecen extremadamente difíciles de pronosticar porque sus causas no están claras, o al menos aún se debaten, incluso décadas después del evento.

Luego, también hay factores estructurales contra el tiempo del mercado en términos de impuestos, costos directos y el costo de oportunidad de estar fuera de un mercado que históricamente ha aumentado su valor con el tiempo. Sin mencionar el costo de nuestro tiempo. Todo esto no quiere decir que el timing sea imposible, pero las probabilidades aparecen a favor del inversor de compra y retiene en lugar del temporizador del mercado. En general, si tiene dinero para invertir a largo plazo, parece que ponerlo a trabajar es mejor que esperar para tratar de encontrar el momento perfecto para ingresar en el mercado.

Muerte

¿Que tiempos vivimos, eh? Es bastante fácil encontrar literatura dedicada al famoso virus y datos de muertes, contagiados, etc. Estos días estoy haciendo reflexiones sobre el tema y hay algo que me llama la atención y es la muerte. Si, esa dama que nos lleva cuando hemos vivido lo suficiente. Bueno, ¡Cuando ella piensa que hemos vivido lo suficiente! Porque he visto pocas personas que hayan dicho: Venga, ya está bien, ya he vivido lo suficiente y se vayan sin más. Es algo que me sorprende mucho cuando en algún sitio leo algo acerca de la eutanasia y como hay gente que pide morir porque su existencia en este mundo se ha vuelto un calvario.

Claro, con lo del virus, el tema de la muerte se ha vuelto de una realidad permanente en nuestras vidas y se cuentan día tras día los muertos que hay, los que hubo ayer, la progresión, la regresión, la pendiente, la curva logarítmica, etc. Lo de la curva logarítmica me hace mucha gracia porque si no estás “entrenado” a mirar gráficas, una curva logarítmica no te da ninguna información, pero bueno. Parece que últimamente aparte de virólogos todos nos hemos vuelto matemáticos expertos en estadística y probabilidad.

Pero vamos al tema: La Muerte. Yo no se porqué hay tanto revuelo con las muertes, como si normalmente no se muriera la gente. Especialmente la gente de más de 80 años. Se que muchos se tirarán a la yugular diciéndome que claro, ¡Como no me ha tocado a mí! Que es muy fácil hablar cuando no ha sido mis abuelos o padres, cuando yo no he estado enfermo, cuando no le ha tocado estar en una UCI a nadie de mi familia, etc. ¡Pero es que tampoco he tenido nadie de mi familia con SIDA! ¡Ni nadie de mi familia cercana con cáncer!

Hace tiempo que pienso que le damos demasiada importancia a la vida y a la muerte. Vemos la muerte como algo que hay que evitar a todo precio y hay que luchar sin descanso para que no ocurra pero la sociedad es muy hipócrita y la muerte no es igual por todos los sitios ni para todos. Le damos importancia brutal cuando se cae un avión y mueren cien o docientos pasajeros pero obviamos los seiscientos muertos en accidentes laborables en España por año. Incluso me ha costado encontrar la cifra por Internet! Añade los muertos en la carretera, por gripe, por cancer, etc.. Pero claro, los del coronavirus son insoportables.

Luego también hay un curioso efecto que es que el dolor y sufrimiento por las muertes es inversamente proporcional a la distancia. ¡Si mueren en tu barrio es gravísimo! Si lo hacen en tu país te duele mucho. Los llantos son en tu lengua materna y joden. Si es en el extranjero…un poco menos. Si son en Gaza en Siria o en Angola… mucho menos. Tanto menos que no salen ni en los medios de comunicación. Si hay un tiroteo en Etiopía y matan a 43 niños en una escuela ni te enteras. Si en EEUU hay el mismo tiroteo y mueren 4, duele, mucho.

 

En fin, que la muerte que parece ser igual para todos y que al fin de cuentas nos equipara a ricos y pobres, a guapos y feos, a listos y tontos, no lo es. No es igual y por eso no creo que sea tan grave que mueran 20000 o 30000 en España. Se han muerto, han dejado sitio para los otros, es ley de vida. La vida en nuestro planeta sería imposible si no se muriera gente. No cabríamos hace tiempo y querer alargar la vida de la gente de manera artificial me parece una barbaridad.

La gente mayor se merece vivir igual que todo el mundo. Muchos de nosotros llegaremos a viejos y nos gustará que nos cuiden y se preocupen por nosotros pero si llega la muerte 3, 4 o 10 años antes no deberíamos hacer un drama de ésto. Si hay negligencias y hay gente que no ha hecho su trabajo y por acción u omisión ha provocado la muerte de cualquier ser humano, tenga la edad que tenga, debe pagar por ello. No hay discusión con ésto pero estamos hablando de una infección que como la gripe mata todos los años a miles de ancianos.

Espero que os llegue la muerte tarde, que podáis hacer todo lo que hayáis planificado en vuestra vida y que viváis la vida plenamente pero si llega la muerte, abracemosla y aceptemosla con alegria.

Isabel Allende en “Cuentos de Eva Luna” dice:

La muerte, con su ancestral carga de terrores, 
es sólo el abandono de una cáscara ya inservible, 
mientras que el espíritu se reintegra 
en la energía única del cosmos...

Locura Transitoria

Sufro locura transitoria
Bajo a la tierra y cruzo
La línea divisoria
Que separa en esta historia
La locura y la razón

Ésto dice una de sus estrofas la canción de Extremoduro y cada vez que la escucho o la leo, me estremezco de lo bien que describe la situación que estamos pasando en general toda la humanidad con el tema del virus, el confinamiento y la restricción de libertad en general. Restricción para movernos, para abrazar, para correr, para hablar… incluso para cagar! No hay manera de encontrar papel del water!

Bueno, aparte de la broma, la verdad es que las cifras son escalofriantes y no me refiero a los datos de enfermos, recuperados, muertos, muertos pero no, enfermos pero asintomáticos, etc, etc. Que datos hay para todos y de todo tipo. Me refiero a las cifras que se están barajando de gente con problemas psicológicos, ya sea por el confinamiento actual, el miedo al virus o lo que me da más miedo aún, la gente que va a sufrir con el post-virus incluyéndome a mí.

Aquí no voy a hablar de las repercusiones económicas, eso lo haré en otra entrada. Hoy estoy pensando en la parte psicológica. Para mi está siendo duro como para todos, me imagino! Al menos para la gran mayoría porque hay siempre una parte de la sociedad que seguramente no está sufriendo mucho porque seguramente ya estaba en parte confinada o está aprovechando para hacer muchas cosas que no podía hacer.

Yo también estoy aprovechando para hacer muchas cosas que no había hecho. Pero muchas menos de las que me imaginaba que iba a hacer. Y la verdad es que no se muy bien porqué! Parece que haya entrado en un letargo emocional y de actividades. Al principio pensé que era porque no tenía todo bien organizado para poder trabajar esas cosas que siempre había querido hacer pero no es así. Creo que la razón es que la situación tan apocalíptica que nos están presentado está haciendo mella en mi.

Nunca he sido un ejemplo de fortaleza psicológica pero ahora creo que todo me está afectando más. Por el confinamiento, por el miedo a contagiarme y sobre todo por el panorama tan sombrío que nos están dejando ver los dirigentes que nos gobiernan. Todo ésto, desde la perspectiva de vivir en uno de los países donde mejor estamos a todos los niveles, económico y de confinamiento.

Es verdad que Suiza depende mucho del exterior para poder vivir pero con una moneda tan fuerte y teniendo la máquina de hacer billetes tan cerca no hay ningún problema. No va a haber tanto impacto como en otros países como España o Italia, eso está claro.

Por la parte del confinamiento, podemos salir a caminar, correr, comprar etc. Casi casi sin restricciones. Salvo mantener las distancias y no aglomerarse más de cinco personas no hay mucho más problema para salir a la calle. En los supermercados lo clásico: Distancia, número máximo de personas por metro cuadrado, desinfección de manos, carritos, etc.

Justamente por esa libertad que tenemos creo que me siento aún peor! Me digo a mi mismo: ¿Cómo te puedes quejar? ¿Si estás como un rey?” Todo ésto aderezado con un trabajo que de momento me está pagando aunque no sepamos si va a durar. Con todo este cóctel me viene un sentimiento de culpa que aún es peor. En fin, que no estoy llevando muy bien todo el tema estos días.

Por otra parte cada vez veo más claro que es el momento de pensar que hacer. Tanto tiempo de ocio me está sirviendo para dos cosas: Retomar un poco la guitarra y la música e intentar poner orden en mi cabeza sobre mi futuro. La primera cosa, la guitarra está siendo más fácil que la segunda, la verdad. Con tanto “Mister Wonderfull” diciéndote que hay que reinventarse, creer en uno mismo, tanta cancioncita de resistiré y demás gilipolleces tengo el cerebro un poco frito. No puedo pensar muy bien, la verdad. Lo que tengo claro es que tengo que hacer un cambio en mi vida.

De las últimas cosas que he visto que me han llenado de satisfacción ha sido un video del canal Píldoras de Psicología sobre que el trabajo es trabajo y no tiene por qué ser apasionante. La verdad es que me ha gustado mucho y me ha cambiado bastante mi idea del trabajo y la felicidad.

Cada vez tengo más claro que sigo en mi trabajo unicamente por el dinero y cada vez estoy más cansado. Me gusta la tecnología, las ciencias, aprender, investigar, construir y hacer ingeniería en general. Me apasiona! Pero ir al trabajo todos los días se está haciendo insufrible por varios motivos que no voy a contar porque son personales pero estoy más que al límite.

Por eso tengo que aprovechar este momento para ordenar un poco mi vida. Para volver al trabajo con ganas de cambiar cosas o para dejarlo definitivamente. Sin querer ser dramático creo que estoy llegando al final de mis fuerzas y no quiero que se rompa la cuerda.

Por otra parte, todo puede ser también por el periodo de incertidumbre que vivimos. A la mayoría de gente como a mí ya no le asusta el virus sino el vacío al que nos enfrentamos. Hemos tenido que hacer algo que no tenemos experiencia que ha sido parar todo. Ahora no sabemos como va a continuar nuestras vidas. Puede que perdamos los trabajos, que el estado de bienestar cambie, que las políticas cambien… que todo cambie.

El otro día vi un video de un tipo que dejo todo para cambiar su vida. Incluso renunció a subsidios y ayudas para encontrarse “vacio” sin nada. Explicaba que había sido la solución, romper con todas las ataduras económicas para encontrarse sin su trabajo por el cual cobraba bastante y sin ayudas externas para empezar de nuevo. Yo lo entendí como un “quemar las naves” para renacer. Creo que aún no estoy tan avanzado pero empiezo a verlo más claro. No sé cuando ni si daré el paso pero cada vez estoy más convencido de que tengo que hacerlo.

Por otra parte, hace tiempo que pienso que puede ser una crisis de edad, de identidad. No lo sé la verdad, puede que si pero sea lo que sea estoy harto, pero harto.  Pero claro, si estuviera harto de verdad, haría algo ya, ¿no? Creo que necesito más tiempo. Como digo muchas veces, no he sufrido aún bastante, si no, hubiera tomado las riendas de mi vida y hubiera cambiado todo.

Coño, un ruido del demonio
Se mete en mi cabeza
Se enciende dentro un puto rayo que no cesa
Tieso, yo sigo todo tieso
La misma trayectoria
Y no entiendo por qué estás cada vez más lejos

 

Mira que eres canalla…

Eso no se le hace a quien te quiere bien.
Colegas tanto tiempo… y ahora te largas con esa mujer!

Y te has marchado con ella, con la pálida dama, con la innombrable, tú uno de mis ídolos. Como siempre, la gente que nos gusta nos parecen inacabables, infinitos, eternos y no, no lo son. También ellos se van. Nos dejan muchas cosas buenas, otras menos buenas, pero nadie se acuerda de los defectos cuando se van.

Yo conocí a Aute cuando tenía 16 años, yo, no él! El era ya un artista confirmado pero no triunfador. No tenía tanto gancho como Serrat, por ejemplo. Aute era más de “porrito y litrona” en casa de amigos. Aunque todos sabíamos de su compromiso por las libertades, anti-franquismo, comunismo, etc. por los 80 ya estaba muy moribundo todo el tema político. Los grises habían dejado de correr detrás de los melenudos como él y a mi me gustaba también mucho su poesía sobre las relaciones y los amores.

Todo pasó un día que mi hermana me pidió que le acompañara a ver un concierto de un tal Aute que tocaba en los Viveros de Valencia. Ella quería ir porque estaba tonteando con un chico al que le gustaba Aute y mi madre no le dejaba ir tan tarde a ningún sitio si no iba acompañada de su serio, formal, grande, fuerte… hermano mayor. Así que me convenció y allí nos plantamos los tres en la verja de Viveros.

Me había dicho que el concierto era gratis, o eso creo… Tampoco estoy muy seguro. Lo seguro es que yo por aquel entonces no tenía ni un duro así que aun menos para pagar una entrada de un tipo que ni conocía. Cuando me di cuenta, mi hermano y su acompañante habían subido a la verja y estaban saltando por encima de los pinchos de la verja! Yo no podía creerlo! Haciendo una ilegalidad, con mi hermana, para ver un “peludo” que ni conocía!

El salto de la verja no nos dió acceso directo al patio del concierto sino a un sitio intermedio donde había una valla que esa si, era infranqueable…. pero allí nos quedamos. Ellos con sus arrumacos y yo con los dedos entre las cuadradillos de la valla mirando a quién con Serrat, Victor Jara, Milanes y Silvio se convirtieron en mis ídolos durante muchos años y que hoy aún son referentes musicales.

Busqué sus LP’s, cintas, partituras para guitarra, etc. Aprendí muchas de sus canciones que tocaba en muchas fiestas y reuniones y Al Alba se convirtió en un himno para mi.

Hoy se ha marchado, no se a donde, la verdad, pero de donde nunca se marchará será de mi recuerdo. Ayer mismo, como si fuera una premonición, estuve tocando “Las Cuatro y Diez” Una canción que toco hace más de 30 años y con la que enamoraba a las chicas cuando era muy, muy joven.

Descansa en paz genio.

Tono.